sábado, 27 de diciembre de 2025

ENCUENTRO NACIONAL DEL DIACONADO PERMANENTE

"El XL Encuentro Nacional del Diaconado Permanente, se ha celebrado este año en Santander del 5 al 8 de diciembre de 2025"

     El XL Encuentro Nacional del Diaconado Permanente, celebrado este año en Santander del 5 al 8 de diciembre de 2025, ha vuelto a reunir a un grupo significativo de diáconos junto a algunos de sus familiares, especialmente esposas e hijos, que también forman parte vital de este camino vocacional. Aunque numéricamente la participación no ha sido especialmente elevada, sí ha habido representación de prácticamente toda la geografía española, con presencia de diócesis grandes, medianas y pequeñas, lo que permitió ampliar la visión y compartir la rica diversidad con la que este ministerio se encarna en nuestras comunidades. Nuestra Diócesis de Jaén estuvo representada por nuestro hermano diácono Jesús Beltrán, su esposa Marisol y uno de sus hijos.

 A día de hoy, es uno de los pocos ámbitos vocacionales que muestra crecimiento sostenido y números esperanzadores. En un contexto eclesial necesitado de testimonio, servicio y presencia encarnada en el mundo familiar, laboral y cotidiano, que encuentros como este no tengan más difusión parece una oportunidad perdida. La sociedad, e incluso la propia Iglesia en muchos de sus ámbitos, sigue desconociendo qué es un diácono, cuál es su misión y por qué su presencia responde no solo a una tradición antigua, sino a un claro signo de los tiempos.



    Debe destacarse, con agradecimiento, la dedicada y cercana presencia del obispo de Cáceres, referencia constante durante las jornadas, así como la participación del obispo emérito de Urgell, responsable nacional, siempre atento y disponible para el diálogo cercano. 

    Uno de los momentos más valorados fue el testimonio ofrecido por un matrimonio procedente de Madrid, cuya experiencia vital y pastoral ayudó a situar nuevamente el foco en la dimensión matrimonial y familiar inseparable del diaconado. Igualmente memorable resultó la intervención del diácono Rafael Casas, de Santiago de Compostela, cuyas orientaciones litúrgicas fueron acogidas con entusiasmo por su claridad, profundidad y dimensión práctica. La mayoría coincidió en subrayar el acierto del enfoque formativo y la utilidad directa de varios contenidos para la vida ministerial cotidiana.


    La celebración de la ordenación diaconal en la catedral fue sin duda uno de los momentos más emotivos y simbólicos de todo el encuentro, especialmente al coincidir con la ordenación de un diácono agustino camino al presbiterado.

    Hubo también espacio para la convivencia cultural, con la visita a Santillana del Mar, un entorno hermoso y cargado de historia. 

    Un instante especialmente entrañable fue el rezo de vísperas con las hermanas clarisas, donde se vivió una hermosa comunión entre la vida contemplativa y el ministerio del servicio en medio de las realidades familiares y laborales. La sencillez del momento puso en evidencia algo esencial: la Iglesia es una, diversa y complementaria, y en esa diversidad el diaconado permanente tiene un lugar necesario.

    Las conferencias del reconocido teólogo Darío Vitali suscitaron reflexión y también debate. Algunas afirmaciones sorprendieron por su contundencia, como cuando expuso que el ministerio diaconal es, en ciertos aspectos, más importante para la Iglesia que el presbiteral. Dichas fuera de contexto podrían parecer exageradas, pero expuestas en su marco teológico iluminaron una realidad profunda: el diaconado recuerda constantemente a la Iglesia que su esencia es el servicio, la cercanía al pobre, la disponibilidad al hermano y la diaconía del Reino. Quizá esa provocación sea necesaria para seguir despertando conciencia eclesial y evitar que este ministerio quede reducido a tarea funcional o a suplencia en la liturgia.


    Este XL encuentro nacional ha sido un tiempo de gracia, renovación y fraternidad. Ojalá que en los próximos años aumente la participación, se refuercen los apoyos institucionales y se sigan creando espacios donde los diáconos de toda España puedan encontrarse, escucharse y aprender mutuamente cómo viven y ejercen el ministerio en cada realidad. Porque cada experiencia compartida enriquece, cada testimonio ilumina y cada encuentro fortalece la vocación que, silenciosamente pero con firmeza, sigue creciendo en el corazón de la Iglesia.

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