martes, 29 de septiembre de 2026

RELEVO EN EL EQUIPO DE FORMADORES Y TESTIMONIO DIACONAL

GRACIAS D. JUAN. 

BIENVENIDO D. ANDRÉS

LA REVISTA ANTIOQUÍA RECOGE EL TESTIMONIO DIACONAL DE MANOLO RICO.

Con el comienzo del nuevo curso se ha producido el relevo generacional en el equipo de sacerdotes formadores del proceso de formación al diaconado permanente de nuestra Diócesis.

D. Juan GARCÍA CARRILLO, que hasta ahora era nuestro director espiritual y formador desde sus inicios del equipo diaconal, nos transmitía su intención de dejar su cargo por razones de salud. 

Queremos, desde este foro, dejar constancia de nuestro profundo agradecimiento a tantos años de entrega y generosidad para con esta tarea pastoral pidiendo a Dios que le recompense abundantemente por tanto bien producido por el acompañamiento vocacional de cada uno de los aspirantes y diáconos, así como por su compromiso por la implantación y desarrollo de esta la realidad diaconal en nuestra Diócesis. Oramos, igualmente, por su pronta mejoría y pedimos a nuestra Santísima Madre que interceda por todas sus intenciones.

También queremos dar nuestra más fraternal bienvenida a D. Andrés SEGURA MOYA que se incorpora al equipo de formadores para relevar a D. Juan que pasa a situación de retiro.

A nuestro compañero y hermano en el diaconado Manolo RICO TEBA, le ha sido publicado un artículo testimonial en la revista de Antioquía que vamos a reproducir íntegramente en este foro dado lo oportuno de su contenido y el interés de la temática para conocimiento general de nuestra realidad vocacional y familiar.

El Diaconado Permanente:

Un regalo que me ha acercado a Dios y a las personas

Hace dieciocho meses recibí la ordenación diaconal. Ha pasado ya un tiempo desde aquel ilusionante día en Roma y, cuando miro hacia atrás, todavía me cuesta explicar con palabras lo que ha significado para mí este tiempo.
Pienso que el diaconado permanente no es algo que se pueda explicar solamente desde documentos, normas o las funciones que corresponden a un diácono. Todo eso es importante y necesario, pero hay una parte que solamente se puede entender solo cuando se vive, y es la experiencia de sentirse llamado a servir a Dios estando muy cerca de las personas. Y eso es, precisamente, lo que estoy descubriendo y viviendo.          
No pretendo escribir estas líneas para explicar lo que debe ser el diaconado permanente, ya llevo más de un año explicándolo, hay muchas dudas sobre este ministerio. Y mucho menos para defenderlo. Quiero simplemente compartir mi experiencia, porque quizá contar cómo lo estoy viviendo pueda ayudar a comprender un poco mejor este ministerio que, para mí, ha sido uno de los regalos más grandes que el Señor me ha hecho a estas alturas de mi vida.

Un ministerio que hasta a mí me ha sorprendido
Cuando uno recibe la ordenación, sabe que empieza una nueva etapa de su vida. Uno ha estudiado, ha recibido una formación, ha reflexionado sobre la vocación y ha escuchado muchas veces qué significa ser diácono. Pero una cosa es saberlo y otra cosa muy distinta es vivirlo y sobre todo experimentarlo.
He descubierto que el diaconado permanente me ha colocado en un lugar privilegiado, el de estar cerca de la vida de las personas. Y digo privilegiado porque el diácono tiene la posibilidad de entrar de distintas formas en la vida de una familia.
Un día estás junto a unos padres que llevan a su hijo a bautizar. Otro día acompañas a una pareja que se prepara para casarse. En otra ocasión compartes con unos jóvenes sus dudas, sus inquietudes, sus búsquedas y también sus heridas. Y también llega ese momento en el que una familia te llama porque acaba de perder a un ser querido y necesita que estés allí.
Y, en medio de todo esto, está la celebración de la Eucaristía, la Santa Misa. Estar junto al Altar del Señor, proclamar el Evangelio y poder predicar la Palabra de Dios es para mí uno de los momentos más importantes de mi ministerio. Porque no se trata simplemente de hablar ante una comunidad, sino de intentar que la Palabra que primero ha tocado mi corazón pueda llegar también al corazón de quienes la escuchan.
Alegría, dolor, esperanza, dudas, enfermedad, ilusión, miedo, fe... la vida en todas sus dimensiones. ¡Y ahí está el diácono!
No como alguien que viene simplemente a realizar una función o un trabajo, sino como alguien que quiere acompañar, escuchar y servir. Para mí, esta cercanía con la gente está siendo una de las experiencias más bonitas del ministerio.

Estar cerca de la gente es también estar cerca del Señor
Con el tiempo he ido comprendiendo algo que quizá antes no veía con tanta claridad, lo escuchas muchas veces pero no lo había experimentado, cuando uno se acerca a las personas muchas veces termina encontrándose con el Señor. Y esto lo he vivido especialmente en las situaciones de dolor.
Cuando acompañas a una familia que acaba de perder a un padre, a una madre, a un hijo, a un hermano... no hacen falta muchas palabras. A veces basta con estar. Escuchar. Dar un abrazo. Compartir el silencio. 
También lo he experimentado en la celebración del matrimonio, cuando ves la ilusión de dos personas que comienzan una vida juntos; en los bautismos, cuando unos padres ponen a su hijo en manos de Dios; en los jóvenes, cuando descubres que detrás de muchas preguntas aparentemente alejadas de la fe hay un corazón que está buscando.
Todo esto me ha ayudado a comprender que mi ministerio no consiste solamente en hablar de Dios a la gente. La mayoría de las veces consiste en descubrir a Dios presente en la vida de la gente. Y eso me está enseñando y ayudando mucho.

Un ministerio de servicio
Quizá una de las palabras que más identifican al diácono permanente sea “servicio”, esta es la palabra clave, es la piedra angular del ministerio. Pero también he descubierto que servir no significa simplemente hacer cosas. Servir significa estar disponible. Significa acercarse a quien necesita que alguien lo escuche. Significa acompañar a una familia cuando la vida se le ha puesto cuesta arriba. Significa compartir la alegría de quienes empiezan un nuevo camino. Significa estar con los jóvenes sin juzgarlos. Significa acompañar a las personas mayores, a los enfermos, a quienes viven solos. Y significa también aprender a desaparecer. Porque el protagonista de esta historia de servicio no es el diácono permanente. El protagonista es el Señor.
El diácono no está llamado a ocupar un lugar, un espacio, sino a ayudar a que Jesús tenga un lugar en la vida de las personas. Por eso creo que el diaconado permanente pierde su sentido cuando se convierte en una cuestión de protagonismo, de reconocimiento o de espacios. Su grandeza está precisamente en otra cosa, está en servir sin necesidad de ser el centro de nada.
Permitidme solo una anécdota, el ver nuevamente en Misa a un vecino, a un amigo, que lleva años alejado de Dios, ya ha pagado con creces todo lo que mi alma lleva buscando durante tantos años. Ese día me voy a mi casa lleno de alegría y se lo digo a mi mujer… hoy ha estado fulanito en Misa… y lo hablamos y nos alegramos y no podemos nada más que pensar que el Señor se sirve de todas estas cosas.
 
Una realidad que no siempre se comprende
Sé que todavía hay personas, también algunos sacerdotes, que no terminan de comprender qué aporta un diácono permanente. También sé que existen distintas sensibilidades y que, en algunas parroquias, puede haber dificultades para integrar convenientemente este ministerio en la vida pastoral. Lo he vivido y lo comprendo.
El diaconado permanente no ha formado parte durante siglos de la vida diaria de muchas comunidades. Y cuando aparece una realidad “nueva”, es normal que aparezcan preguntas. ¿Qué hace exactamente un diácono? ¿Cuál es su lugar? ¿Qué diferencia hay entre un diácono y un sacerdote? ¿Hasta dónde llega su ministerio? Pienso que son preguntas legítimas.
El diácono permanente no está para sustituir al sacerdote, ni para competir con él, ni para buscar un espacio propio dentro de la Iglesia. El diácono está para servir. El diácono es ordenado en orden al ministerio, para el servicio del Pueblo de Dios, en comunión con el Obispo y los sacerdotes.
El sacerdote tiene su propia misión y su propio ministerio. El diácono tiene el suyo particular. Y cuando cada uno vive su vocación desde Cristo, no hay competencia, hay complementariedad y esto es una gracia que el Señor nos regala, una gracia que el Señor regala a su Iglesia y que debemos aprovechar.
Personalmente, cuanto más vivo el diaconado, más valoro el ministerio sacerdotal. Y cuanto más conozco la vida de las personas, más comprendo también la importancia de que nuestras parroquias sean verdaderas comunidades donde cada vocación pueda aportar lo que ha recibido del Señor y aquí el laico también tiene mucho que decir.

Una Iglesia que sale al encuentro de las gentes
Uno de los grandes regalos del diaconado permanente es que puede ayudar a la Iglesia a estar presente en lugares donde quizá no siempre llega. El diácono permanente vive normalmente en medio del mundo. Tiene una familia, un trabajo o una trayectoria profesional, vecinos, amigos, relaciones sociales, responsabilidades. Y esa realidad puede convertirse también en un lugar y en una oportunidad para evangelizar. El diácono permanente debe ser un puente. Un puente entre la Iglesia y muchas personas, que quizá no entrarían fácilmente por la puerta de una parroquia y que ahora, como he dicho antes, están entrando. Por esto pienso que el diaconado permanente tiene mucho que aportar en este momento de la historia y de la Iglesia. Puede aportar una presencia cercana, sencilla y cotidiana.

Y mi mujer está conmigo
Hay algo que no puedo dejar fuera de este escrito. Y es a mi mujer. Porque yo no vivo el diaconado permanente solo. Cuando fui ordenado, no comenzó únicamente una nueva etapa en mi vida. También comenzó, de alguna manera, una nueva etapa, un nuevo camino, para nosotros dos como matrimonio.
Amalia me acompaña, participa de muchas de las experiencias del ministerio y está a mi lado en los momentos buenos y en los menos buenos. Y tengo que reconocer algo que digo con toda sinceridad, creo que mi mujer es mejor “diácono” que yo.
Lo digo medio en broma, pero también muy en serio. Porque aprendo cada día de ella. De su manera de acercarse a las personas, de escuchar, de comprender, de servir sin hacer ruido. Muchas veces ella ve necesidades que yo no veo. Muchas veces entiende situaciones que a mí se me escapan. Por eso el diaconado permanente me ha enseñado también que la vocación del diácono no puede entenderse al margen de mi familia. Mi mujer no ha recibido la ordenación, eso verdad, pero forma parte de mi vida y camina de mi mano en este ministerio. Y esto para mí, es una alegría.

El mejor regalo a estas alturas de mi vida
Cuando me ordené, sabía que comenzaba un nuevo camino. Pero no podía imaginar todo lo que iba a recibir. Estos dieciocho meses me han permitido conocer personas maravillosas, acompañar historias que nunca olvidaré y entrar, con mucho respeto, en momentos muy íntimos de la vida de algunas familias. 
He llorado con personas que sufrían. Me he reído con familias que celebraban. He escuchado a jóvenes que buscaban respuestas. He acompañado a novios y matrimonios. He compartido la fe con personas mayores. He llevado la presencia de la Iglesia allí donde se me ha pedido.
Y, sobre todo, he descubierto que cuando uno se entrega al servicio, recibe mucho más de lo que da. Por eso puedo decirlo con toda sencillez, el Señor me ha hecho un regalo enorme. A estas alturas de mi vida, cuando quizá uno piensa que muchas cosas ya están hechas y que quedan menos caminos por recorrer, el Señor me ha abierto uno nuevo. ¡Y qué camino! Un camino que me ha acercado más a Él precisamente porque me ha acercado un poco más a las personas.

Solo puedo dar gracias
No sé qué me queda por vivir como diácono permanente. No sé qué personas pondrá el Señor en mi camino. No sé cuáles serán las alegrías y cuáles las dificultades. Pero sí sé una cosa, quiero seguir viviendo este ministerio desde el servicio, desde la cercanía y sobre todo, desde la humildad.
Y quiero hacerlo junto a mi mujer y mis hijos, junto a mis hermanos diáconos, junto a los sacerdotes con los que comparto la misión y junto a toda la Iglesia. Porque el diaconado permanente no es mío. Es de la Iglesia. Y la “vida” que recibí el día de mi ordenación no es para mí, sino para los demás. 
Por todo esto que estoy viviendo solo puedo decir… GRACIAS.
Gracias, Señor, por haberme llamado insistentemente, porque he sido un poco sordo para escuchar. Gracias por mi mujer y mis hijos, que caminan conmigo y de los que tanto aprendo. Gracias por los sacerdotes que me han acompañado y enseñado y me siguen enseñando.
Gracias por las personas que me han abierto las puertas de sus casas y de sus vidas. Gracias por las familias que me han permitido compartir sus alegrías y sus penas. Gracias por los jóvenes que me han enseñado que la fe también puede hacerse preguntas. Y gracias por haberme permitido descubrir, a estas alturas de mi vida, que todavía quedaba por delante una de las experiencias más bonitas que podía imaginar… servir a Dios sirviendo a su pueblo.
 
                                                                                              Manuel Rico Teba

                                                                                         Diácono Permanente


lunes, 7 de septiembre de 2026

ENCUENTRO DE INICIO DE CURSO 2026-27 DEL DIACONADO PERMANENTE

 

Jornada de convivencia de las familias del diaconado permanente para comenzar el curso.

     El pasado sábado 5 de septiembre, los diáconos permanentes y los aspirantes al diaconado junto con sus esposas e hijos acompañados por los sacerdotes encargados de la dirección y formación del proceso diaconal así como por algunos de sus párrocos, disfrutaron de una jornada de convivencia en la Casa de la Iglesia de Jaén donde pudieron compartir las experiencias del periodo estival y poner en común cuantas sugerencias y proyectos se consideraran oportunos para el próximo curso 2026 -27.

   El encuentro comenzó en la capilla mayor con una oración presidida por nuestro responsable de formación D. José Antonio Maroto y dirigida por coordinador de los diáconos permanentes de la Diócesis D. Francisco José Cano de Haro.


     Sobre el medio día comenzó la segunda parte del encuentro dando la bienvenida especialmente a los siete candidatos aspirantes al diaconado (*) que se incorporan este curso al proceso de formación y discernimiento, a sus esposas e hijos asistentes.


     A continuación, tras las presentaciones oportunas, realizó su intervención la ponente invitada este año, Dña. Mercedes Rivera Cuello, pediatra en el Hospital Materno Infantil de Málaga y esposa del diácono permanente de esa Diócesis, D. Pedro Javier Marín Galiano, que hizo una exposición profundamente existencial sobre el itinerario personal, espiritual, familiar y eclesial, que sucede en la esposa de un diácono durante el acompañamiento del proceso vocacional de su esposo, basada en su propia experiencia como esposa de un diácono permanente, madre de tres hijos y laica comprometida en la Iglesia con distintas misiones evangelizadoras. Su disertación hizo reflexionar y recapacitar sobre las sensaciones y sentimientos encontrados que ocurrieron en su vida cuando de forma sobrevenida entró el diaconado en su casa. Sobre las responsabilidades que había de asumir al aceptar dicho acompañamiento y cual debía ser el lugar, la función y la labor de la esposa del diácono en el mundo y la Iglesia actuales.


       

            El testimonio de fe de “Merce”, fue tan elocuente para los asistentes, que consiguió poner en el centro la voluntad de Dios para salvar todas las dudas y objeciones. “Yo fui para acompañarlo a él… y descubrí un lugar que también me estaba esperando a mí”, ese lugar no es el de una esposa colaborando en la tarea del marido diácono, sino el de dos esposos que descubren que su propia experiencia matrimonial puede ponerse al servicio de los demás como signo de comunión familiar donde el diaconado ha venido para hacer crecer la vocación compartida en el matrimonio por la acción del Espíritu Santo.                 


     Tras un espacio para la reflexión celebramos la eucaristía en familia presidida por nuestro Obispo D. Sebastián Chico Martínez. Tras el Evangelio proclamado por el diácono permanente D. Pedro Javier Marín, esposo de la ponente, nuestro prelado hizo especial hincapié en su homilía en la importancia de saber atender a la vocación a la que hemos sido llamados, y cómo el diaconado ha llegado y crecido dentro de una familia, donde el matrimonio ya estaba con anterioridad, y debe servir para el fortalecimiento de la vida familiar. Se trata de dos vocaciones, una dentro de otra que se ayudan y retroalimentan en el amor para servir mejor al Evangelio.




   La jornada acabó con la comida en el comedor de la Casa de la Iglesia en un entorno de convivencia y conversación distendida. Dando gracias a Dios por tan grata oportunidad concedida por su amorosa providencia quedamos emplazados para la siguiente sesión de formación.


 (*) Aspirantes al diaconado permanente que se incorporan al “propedéutico” el   presente curso 2026-27

CANDIDATO                                              ESPOSA                                            PROCEDENCIA

José Antonio Muñoz Lara                              Mélani Lourdes Carmona García       Pozo Alcón

Evaristo Antonio Ballesteros Tribaldo           Victoria de la Peña Rojas                   Linares

José Ramón Lerma Moreno                          Irene María Ortega Molina               Villargordo

Nicolás Jaime López Medina                         Ana Belén Rus Blázquez                     Úbeda

Antonio Castilla Cárdenas                             Lidia Rull Martos                                Linares

Fernando Sanz del Pozo                                 María Teresa Carrascosa López         Jaén

Miguel Ángel Jiménez Villar                          Inmaculada Hervás Cobo                   Martos

jueves, 25 de junio de 2026

CONVIVENCIA DE FIN DE CURSO DE LA FAMILIA DIACONAL EN CUADROS

 

 El pasado sábado día veinte de junio de 2026 los diáconos permanentes y aspirantes, junto a sus familias y formadores cerraron el presente curso con un encuentro en el Santuario de Nuestra Señora de Cuadros.

     La jornada comenzó con una visita al Santuario de la mano de la Hermana Mayor que hizo de cicerone. A continuación, pudimos rezar ante la imagen de la patrona de Bedmar y Señora de Sierra Mágina en su camarín tras lo que nos dispusimos a celebrar la eucaristía en familia.




Tras la eucaristía, nos dispusimos a compartir el almuerzo en la lonja del Santuario. Tanto durante la comida como en la sobremesa se pudo compartir la alegría de un curso que ha estado cargado de bendiciones y hermosas experiencias para la familia diaconal de nuestra Diócesis.






      Al declinar de la tarde, dimos gracias a Dios y a su Santísima Madre bajo la advocación de Ntra. Sra. de Cuadros y cada familia regresó a su lugar de origen con el ánimo dispuesto al merecido descanso veraniego y así poder volver el próximo curso con el ánimo y las energías renovados. 







miércoles, 11 de febrero de 2026

EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA LA FAMILIA DIACONAL

 Entre los días 6 y 8 de febrero, los diáconos permanentes que caminan unidos en la formación y la comunión en la Diócesis de Jaén, junto con sus esposas, han vivido unos intensos y fructíferos ejercicios espirituales en la Casa Diocesana de Espiritualidad de la Yedra. 

     Unos días marcados por el recogimiento, la oración y la fraternidad, en los que el Señor ha sido el centro de la meditación y la reflexión. El diálogo sereno y sincero junto con la adoración del Santísimo han sido las pautas fundamentales del desarrollo de estas más que edificantes jornadas.


    Estos ejercicios han estado dirigidos por el sacerdote diocesano, D. Melitón Bruque García, quien ha conseguido fomentar un espacio de fraternidad evangélica que ha alimentado de manera excepcional la renovación espiritual de todos los asistentes. Su sencillez y cercanía pastoral han conseguido una atmosfera donde el encuentro con el Señor ha sorprendido a todos los presentes. El Espíritu Santo ha sido el verdadero protagonista que ha encendido los corazones y ensanchado el alma de toda la familia diaconal congregada en los ejercicios de este año. Todo ello ha conseguido que se haya reavivado el sentido de la vocación diaconal y fortalecido el valor de entrega al servicio de la Iglesia y de los hermanos.


    Los propios diáconos han sido los encargados de exponer al Señor en la adoración, permitiendo, así, que cada uno de los asistentes pudiera experimentar el gozo de su presencia viva y real. 

     Han sido jornadas de renovación interior, de escucha atenta a la voz de Dios y de fortalecimiento de los lazos fraternales entre los diáconos, aspirantes y esposas. El regreso a las comunidades respectivas se ha producido con el corazón lleno de amor por el Señor y con un renovado impulso para seguir sirviendo con humildad y alegría.



      Damos gracias a Dios por este tiempo de gracia y también a todos los que han hecho posible este encuentro, en especial a nuestro hermano sacerdote Melitón, por su entrega y guía espiritual. Que el Señor siga bendiciendo nuestra misión y nos conceda la fortaleza para vivir cada día con mayor fidelidad nuestro ministerio diaconal.




sábado, 27 de diciembre de 2025

JUBILEO DIOCESANO DEL DIACONADO PERMANENTE

 En el día de San Esteban, los diáconos permanentes ganan el jubileo

    Este 26 de diciembre, festividad de San Esteban, los diáconos permanentes y los aspirantes al diaconado de la Diócesis han lucrado las gracias jubilares, a la vez que han celebrado a este protomártir y diácono.


    La Iglesia del Sagrario acogió la celebración, presidida por el Obispo y con la presencia de los diáconos permanentes ordenados, los aspirantes y sus familias. La celebración ha estado concelebrada por el responsable para el diaconado permanente, D. José Antonio Maroto, así como por los otros sacerdotes que están al frente del equipo formativo de estos ministerios instituidos, D. Juan García Carrillo y D. Jesús Millán Cubero, que es además Vicario territorial de Jaén y Mágina. Otros sacerdotes, entre ellos, el delegado para el Clero, D. Raúl Contreras y los párrocos de los diáconos y aspirantes han querido, también acompañar en la celebración jubilosa.


     El Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, comenzaba sus palabras centrando la homilía en el gozo del Jubileo y la admisión a órdenes de uno de los aspirantes. “Dentro de este contexto jubilar, celebramos con gozo el Jubileo de los Diáconos Permanentes de nuestra diócesis, en el que tendremos también la Admisión al Diaconado de Miguel Ángel Pérez Palomino, de la parroquia La Merced de Jaén”.

    Para, a continuación, animar a reavivar la alegría del servicio del altar y de los pobres: “Esta jornada os reúne —diáconos, esposas, hijos, aspirantes, formadores, párrocos y comunidades— para renovar la alegría del servicio y agradecer a Dios los dones del ministerio recibido. La palabra “jubileo” evoca la misericordia y la renovación, un volver a las fuentes, un recomenzar desde el amor primero”.


    Recordando el origen del diaconado, que nace en la misma Iglesia primitiva, Don Sebastián ha afirmado, “el diaconado permanente es un ministerio que recuerda a toda la Iglesia que la esperanza cristiana tiene manos, tiene gestos concretos, tiene nombre de servicio. El ministerio diaconal nació en la Iglesia primitiva precisamente como respuesta a una necesidad concreta del pueblo de Dios: servir con generosidad, cuidar a los más vulnerables, y hacerlo en nombre y con el corazón de Cristo. Vosotros, queridos diáconos, hacéis visible esa dimensión servicial de la Iglesia, recordándonos que toda autoridad eclesial es ante todo ministerio de amor”.

    En su homilía, de igual modo, el Prelado ha querido recordar a San Esteban, que los reunía: “San Esteban, protomártir, uno de los siete primeros diáconos de la Iglesia. Esteban unió inseparablemente el servicio y el testimonio: sirvió a los necesitados y proclamó con valentía la fe hasta entregar su vida. Es significativo que el primer mártir no fuera un apóstol, sino un diácono. Es la manera en que Dios nos enseña que el servicio que se entrega por amor es camino de santidad”.

    Don Sebastián no ha querido pasar la oportunidad de agradecer a las familias de los diáconos a ese acompañamiento real y tangible en su ministerio.

    Antes de concluir su predicación se ha dirigido al aspirante al diaconando permanente, Miguel Ángel para decirle, “hoy la Iglesia te admite al camino del diaconado permanente. No es aún la ordenación, pero sí es un momento serio y luminoso: la Iglesia te mira, discierne contigo, y te dice: ‘Sigue adelante; el Señor puede estar llamándote por este camino’.” A lo que el Obispo añadió, esto, “Significa dejarte configurar con Cristo siervo: aprender su estilo, su mansedumbre fuerte, su cercanía. Significa crecer en una espiritualidad muy real: Eucaristía, Palabra, caridad, y una obediencia que no es servilismo, sino amor a la comunión.  Significa aceptar que habrá días de consolación y días de cansancio, y que la fidelidad se decide muchas veces en lo pequeño: en la perseverancia, en el tiempo regalado, en la escucha, en la discreción. Pero el Señor vuelve a decirte: “El Espíritu hablará en ti”. Y no lo olvides: a veces, como pasó tras la muerte de Esteban, lo que parece derrota se convierte en misión: la Iglesia, empujada por la dificultad, sale y anuncia con más fuerza.



  Rito de la admisión

    Al finalizar la homilía, el candidato fue presentado y ante el Obispo. Así, Don Sebastián ha confirmado, ante toda la asamblea, sus informes favorables. Posteriormente, lo ha interrogado sobre su compromiso para continuar su camino vocacional hacia el diaconado permanente. Para concluir: “La Iglesia acepta con alegría tu propósito. Dios lleve a buen fin lo que él mismo ha comenzado en vosotros”.   Como en todas las celebraciones jubilares, el Santo Rostro fue llevado hasta el presbiterio del Sagrario, para con él dar la bendición. Y, en este tiempo de Navidad, el Obispo ofreció para la veneración al Niño Jesús, mientras los asistentes cantaban villancicos tradicionales.  (Fuente: Iglesia en Jaén)

    La jornada de convivencia terminó con el almuerzo compartido en la casa de la Iglesia.




                                        








ENCUENTRO NACIONAL DEL DIACONADO PERMANENTE

"El XL Encuentro Nacional del Diaconado Permanente, se ha celebrado este año en Santander del 5 al 8 de diciembre de 2025"

     El XL Encuentro Nacional del Diaconado Permanente, celebrado este año en Santander del 5 al 8 de diciembre de 2025, ha vuelto a reunir a un grupo significativo de diáconos junto a algunos de sus familiares, especialmente esposas e hijos, que también forman parte vital de este camino vocacional. Aunque numéricamente la participación no ha sido especialmente elevada, sí ha habido representación de prácticamente toda la geografía española, con presencia de diócesis grandes, medianas y pequeñas, lo que permitió ampliar la visión y compartir la rica diversidad con la que este ministerio se encarna en nuestras comunidades. Nuestra Diócesis de Jaén estuvo representada por nuestro hermano diácono Jesús Beltrán, su esposa Marisol y uno de sus hijos.

 A día de hoy, es uno de los pocos ámbitos vocacionales que muestra crecimiento sostenido y números esperanzadores. En un contexto eclesial necesitado de testimonio, servicio y presencia encarnada en el mundo familiar, laboral y cotidiano, que encuentros como este no tengan más difusión parece una oportunidad perdida. La sociedad, e incluso la propia Iglesia en muchos de sus ámbitos, sigue desconociendo qué es un diácono, cuál es su misión y por qué su presencia responde no solo a una tradición antigua, sino a un claro signo de los tiempos.



    Debe destacarse, con agradecimiento, la dedicada y cercana presencia del obispo de Cáceres, referencia constante durante las jornadas, así como la participación del obispo emérito de Urgell, responsable nacional, siempre atento y disponible para el diálogo cercano. 

    Uno de los momentos más valorados fue el testimonio ofrecido por un matrimonio procedente de Madrid, cuya experiencia vital y pastoral ayudó a situar nuevamente el foco en la dimensión matrimonial y familiar inseparable del diaconado. Igualmente memorable resultó la intervención del diácono Rafael Casas, de Santiago de Compostela, cuyas orientaciones litúrgicas fueron acogidas con entusiasmo por su claridad, profundidad y dimensión práctica. La mayoría coincidió en subrayar el acierto del enfoque formativo y la utilidad directa de varios contenidos para la vida ministerial cotidiana.


    La celebración de la ordenación diaconal en la catedral fue sin duda uno de los momentos más emotivos y simbólicos de todo el encuentro, especialmente al coincidir con la ordenación de un diácono agustino camino al presbiterado.

    Hubo también espacio para la convivencia cultural, con la visita a Santillana del Mar, un entorno hermoso y cargado de historia. 

    Un instante especialmente entrañable fue el rezo de vísperas con las hermanas clarisas, donde se vivió una hermosa comunión entre la vida contemplativa y el ministerio del servicio en medio de las realidades familiares y laborales. La sencillez del momento puso en evidencia algo esencial: la Iglesia es una, diversa y complementaria, y en esa diversidad el diaconado permanente tiene un lugar necesario.

    Las conferencias del reconocido teólogo Darío Vitali suscitaron reflexión y también debate. Algunas afirmaciones sorprendieron por su contundencia, como cuando expuso que el ministerio diaconal es, en ciertos aspectos, más importante para la Iglesia que el presbiteral. Dichas fuera de contexto podrían parecer exageradas, pero expuestas en su marco teológico iluminaron una realidad profunda: el diaconado recuerda constantemente a la Iglesia que su esencia es el servicio, la cercanía al pobre, la disponibilidad al hermano y la diaconía del Reino. Quizá esa provocación sea necesaria para seguir despertando conciencia eclesial y evitar que este ministerio quede reducido a tarea funcional o a suplencia en la liturgia.


    Este XL encuentro nacional ha sido un tiempo de gracia, renovación y fraternidad. Ojalá que en los próximos años aumente la participación, se refuercen los apoyos institucionales y se sigan creando espacios donde los diáconos de toda España puedan encontrarse, escucharse y aprender mutuamente cómo viven y ejercen el ministerio en cada realidad. Porque cada experiencia compartida enriquece, cada testimonio ilumina y cada encuentro fortalece la vocación que, silenciosamente pero con firmeza, sigue creciendo en el corazón de la Iglesia.

jueves, 25 de diciembre de 2025

MINISTERIOS DE LECTOR Y ACÓLITO

 EN LA SOLEMNIDAD DE CRISTO REY, 3 ASPIRANTES AL DIACONADO PERMANENTE  JUNTO CON 8 SEMINARISTAS RECIBEN LOS MINISTERIOS DEL ACOLITADO Y DEL LECTORADO.

    El domingo 23 de noviembre, festividad de Jesucristo Rey del Universo, con la que finaliza el Año Litúrgico, la Catedral acogió la celebración en la que se instituyeron como lectores y acólitos a 8 miembros del Seminario Diocesano y 3 aspirantes al diaconado permanente que se encuentran en periodo de formación. Monseñor Chico Martínez, Obispo de Jaén, exhortó durante el transcurso de la ceremonia en que fueron impartidos los ministerios a seguir configurándose con Cristo servidor aprendiendo la enseñanza clave de la Solemnidad que se celebraba: Que Cristo no es un Señor que reina dominando, sino entregando su vida. Su realeza no se sostiene en el poder, sino en el amor.

     Junto al Obispo, los párrocos, formadores del seminario y del diaconado permanente junto a compañeros y familiares arroparon a cuantos recibieron los ministerios en una eucaristía que contó con las voces del coro de la Cofradía de la Santa Cena, con sede en la parroquia de San Juan Pablo II.

     Por parte de los aspirantes al diaconado permanente fue instituido acólito Joaquín Messía, y a Jerónimo Francisco Gómez y Jacinto Quesada se les confirió el lectorado.